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Domingo, 12 de Diciembre de 2010 17:04

El 10 de diciembre varias organizaciones de distintas partes del mundo celebran el Día de los Derechos Animales. La elección de esa fecha no es casual, pues tradicionalmente se ha elegido para celebrar el Día de los Derechos Humanos. Al elegir el 10 de diciembre para defender a todos los animales se busca llamar la atención sobre la discriminación que supone tener solo en cuenta a los humanos, y no al resto de individuos con la capacidad de sufrir y disfrutar.


En esta ocasión, quiero usar este espacio para publicar el comunicado elaborado por la organización chilena EligeVeganismo por el Día de los Derechos Animales. Esta organización ha dado un salto de gigante en los últimos meses, y realiza actividades informativas todas las semanas en defensa del veganismo y en rechazo del especismo.


 

La próxima vez que acuda a una tienda o supermercado, puede dejar de participar en la muerte y sufrimiento de animales. Simplemente eligiendo no comprar productos de origen animal (carne, pescado, huevos, lácteos...).

 

Más información sobre el acto

 



DECLARACIÓN DE ELIGEVEGANISMO SOBRE ACTO DEL DÍA INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS ANIMALES 2010


Las últimas semanas de los activistas de EligeVeganismo han sido intensas y desgastantes. Hemos recorrido lugares aislados, hemos conocido a los encargados de cumplir con la demanda social de productos animales, y hemos estado durante días enteros en terreno. Sin embargo, el cansancio físico no se compara con el desgaste emocional de todo lo que nos ha tocado ver durante este tiempo. Podemos asegurar, todos quienes trabajamos directamente recolectando los cuerpos, que hemos conocido el infierno.


Fuimos testigos de las últimas miradas desesperadas de animales cuya muerte era inminente. Del trato indigno que reciben; terneros aferrados a sus madres en largas e interminables filas que conducían a la muerte, y que formaban a punta de golpes de fierro y latigazos. Caballos, cerdos, ovejas, vacas y toros aterrados frente a cualquier humano que pasara por su lado, agrupándose de manera desesperada contra sus corrales por miedo a ser golpeados.

 

Ninguno de ellos comprende lo que sucede. Observan confundidos los malos tratos que un humano ejerce sobre alguno de sus compañeros... están desconcertados, perdidos y resignados, excepto los más jóvenes, cuyo espíritu de libertad aún no corrompido los hace rebelarse contra quienes los esclavizan, pero terminarán cediendo al cabo de días o meses, tal como lo hicieron sus compañeros adultos.


Hemos escuchado historias terribles, como la de un ternero que con solo una fractura en su pata fue tirado junto a vísceras, estómagos, corazones, ojos, intestinos y litros de sangre por un camión de basura en un vertedero. El animal, aún vivo, luchaba por no morir ahogado entre la sangre y los restos de sus compañeros asesinados, y mientras escuchábamos el relato, mirábamos aquélla misma putrefacta poza de “desechos” de animales, toneladas de cabezas y restos de seres sintientes. De vidas perdidas bajo el concepto de que son inferiores, irracionales... que están para servirnos.

 

Hemos escuchado los gritos de 600 cerdas resonando una y otra vez en nuestros oídos. Todas futuras madres, muchas recién paridas, estaban nuevamente siendo inseminadas. Su piel dejaba entrever la historia de una vida de hacinamiento, donde los fierros de sus jaulas individuales se incrustaban en su piel. Ninguna de estas cerdas podrá alguna vez dar ni un solo paso, durante ocho años... ¿puedes imaginarlo? Ocho años sin moverse, ocho años sólo para pararse, sentarse y si su tamaño lo permite, acostarse.

 

Presenciamos el momento de los nacimientos, sin la alegría que hubiésemos querido porque sabíamos que sus inocentes vidas venían a un mundo donde sólo conocerían esclavitud.

 

Hemos visto aves y peces morir asfixiados, sin ninguna posibilidad de zafarse de sus explotadores, y perros y gatos abandonados a su suerte por personas sin escrúpulos que se deshacen de ellos en carreteras o sitios eriazos.

 

Para ninguno de nosotros ha sido una experiencia agradable, si hubiésemos tenido la posibilidad de salvar a esos individuos jamás lo habríamos dudado. Sus miradas de temor y sus súplicas silenciosas, la liviandad con que las personas se toman su sufrimiento, apenas percibiéndolo, nos acompañarán durante toda nuestra vida. Pero es un sacrificio necesario, un malestar incomparable en magnitud con lo que todos estos animales - cada cuerpo sin vida en representación de millones que mueren a diario - tuvieron que pasar.

 

Hemos querido darle la solemnidad y la seriedad a un tema que hasta hoy se aborda con excesiva complacencia, con la repetición de acciones que hasta hoy no han sido efectivas. Queremos decirle a las personas que ser vegano es fácil, pero, sobre todo, queremos decirle por qué tienen que serlo, y frenar la liviandad con la que hasta hoy como movimiento le presentamos el problema a la sociedad. Mostrarle la realidad: la dura, triste e injusta realidad sin frases decorativas, ni complacientes. Sino con verdad, con el sufrimiento y el cuerpo sin vida de sus víctimas... la máxima expresión de aquello en lo que hemos convertido a los animales.

 

Nuestra conclusión hoy se reafirma: la esclavitud no ha terminado. Todo lo que hemos presenciado es sometimiento, dolor y humillación sobre seres que solo por pertenecer a otra especie y expresarse en términos distintos a los nuestros son condenados a una existencia de miseria.

 

Tras un falso manto de evolución y desarrollo, seguimos actuando bajo premisas arcaicas e irracionales: la idea de que el poder sobre el más débil nos da derechos sobre ellos.

 

Hazte vegano. No tenemos algo más concreto y directo que decirte, no hay otra manera de frenar estas injusticias. Ya no las estamos viendo, pero está pasando. Tú tampoco las ves, pero todo lo que hemos relatado está sucediendo a cada instante... en tus manos está que esta realidad cambie. Puedes ser vegano, hoy es el momento.


 

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Centro Legal para la Defensa de los Animales

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